“El infierno es mucho más amplio
de lo que imaginamos”.
-Ruy Feben-
-Ruy Feben-
Derrumbar el mito de que el mexicano no lee depende de todos y cada uno de los que decimos que leemos. El compromiso del lector no es sólo hacerlo sino compartirlo. Creo firmemente en eso.

Algunos lo harán simplemente con la recomendación de lo que leen a amigos o conocidos, otros platicarán de lo que leen con algún extraño en el transporte público, tal vez algunos acostumbren regalar libros y otros realizarán actividades concretas en la búsqueda del fomento a la lectura.
Desde mi experiencia, creo que hay dos espacios vitales (que no determinantes) en los que alguien se puede “enamorar” de la lectura: la casa y la escuela.
Si en la casa no se ha formado el hábito de la lectura, es en la escuela donde se puede enganchar al estudiante para que sea un lector inexorable. De ahí que es importante que los docentes también sean buenos lectores y, con esto, me refiero a lectores capaces de ampliar su criterio de lectura para poder ofrecer distintos horizontes literarios a los prospectos.Comento lo anterior, porque hace unas horas Ruy Feben, escritor y editor de la revista Chilango, visitó la escuela en la que imparto clases para tener una charla con mis alumnos de Expresión Oral y Escrita sobre su serie de cuentos originalmente publicados en el blog: “El Claxon del Cancerbero” (mismos que puede usted leer aquí).
La visita se movió entre la euforia de los estudiantes por ver a “su escritor-rockstar” y el conocer los porqués de lo que leyeron en voz del propio autor.
Creo que los tiempos cambian y, el poder tener la oportunidad de ver al escritor no como alguien inalcanzable sino como alguien que está ahí, creando y escribiendo para los demás, permite que quienes leemos podamos sentir que tenemos la literatura ahí, para nosotros, para recrearla junto con quien la escribe.
La vida nos ofrece muchas alternativas, la literatura también. Al final, Ruy expresó: “Increíble ver que el mito de que el mexicano no lee aún tiene remedio”.

Doy gracias infinitas a Ruy Feben por confiarme sus Cancerberos, por darme su tiempo como lector de reseñas, por prestarme su presencia, por, y por, y por.