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viernes, 7 de noviembre de 2014

Minificciones macabras

CUMPLEAÑOS MACABROS


Las voces acudían puntuales a las fiestas en los psiquiátricos.

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Su compulsión lo llevó a hacer fiestas interminables en las que todo se repetía desde el principio si algo salía mal.

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Desde niño, el pirómano soñó con el día en que su pastel rebasara las 100 velitas.

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La última voluntad del condenado a muerte era partir el pastel de su próximo cumpleaños. Ningún invitado sobrevivió.

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Nunca imaginó que el regalo de su primer cumpleaños sería la confirmación de su inexistencia.

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Todos temían el momento de partir el pastel vudú.

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El zombi abría con desesperación sus regalos: una oreja, dos pies, dedos y narices de varios tipos... nunca el osito de peluche que esperaba.


miércoles, 2 de octubre de 2013

Un hombre

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Hubo un hombre que terminaba todas sus cartas escribiendo: te beso infinitamente…

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El método más escalofriante es sólo para saber si él es humano.

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La prueba de que él era humano se perdió en la única lágrima que derramó cuando te fuiste.

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El hombre se tornó mortal, mas no supo de su existencia hasta que murió. 

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El hombre compró una vida, pero no le alcanzó para disfrutarla.

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“No sé si este mensaje llegue a su destino, pero si es leído, guárdese en el corazón”, leyó el hombre antes de caer rendido ante alguien a quien no conocería nunca.

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Y, poco a poco, las cartas del hombre eran enterradas por otras letras, otras realidades, otras experiencias, por personas que sí existían.

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viernes, 4 de marzo de 2011




La mujer insomnio cortó sus palabras. Él, sólo la miró como cuando alguien mira a una persona que está por desaparecer. La mujer insomnio develó las cartas que habían estado ocultas. Él, con paso trastabillante, se alejó entre la concurrencia. Ambos tenían compañía. Ella, un perro llamado dolor. Él, la nada sagrada.



jueves, 3 de marzo de 2011

Ne me quitte pas




—¡Ne me quitte pas, ne me quitte pas!— cantaba la mujer insomnio hasta sentir que perdía la voz en cada palabra, en cada nota. Él, perdiéndose en otra canción, no sabía que ella, la mujer insomnio, no sabía francés.



martes, 6 de julio de 2010

Vocecita en el Ombligo


Hay una vocecita que se aloja en mi ombligo.


El otro día soñaba que tenía otro yo que se había desprendido de mí misma, pero que éste otro yo era más pequeño y estaba a mi lado como padrino mágico.

Lo cierto es que cuando desperté no había ningún otro yo desprendido de mí, ni era pequeño, ni estaba a mi lado como padrino mágico. Sin embargo, había una vocecita que me estaba diciendo qué hacer o no hacer desde entonces. No recuerdo si fue hace mucho tiempo o apenas hoy, pero esa vocecita me parece eterna y no me deja en paz. Ahora mismo me está dictando lo que debo o no contar.

Recuerdo que una vez estaba sentada en la sala de espera de mi doctor. La vocecita estaba muy nerviosa a pesar de que le prometí que iba a una revisión de rutina —Que tal que me encuentran y nos separan— me decía.

Yo no estaba muy convencida de si sería lo mejor o realmente estaba contenta con esa vocecita hablándome todo el día. A veces llegaba a pensar que estaba loca y que lo que necesitaba era un psiquiatra pero la vocecita me convencía de que las cosas no eran así, que yo estaba completamente cuerda.

Ayer platiqué con ella y le pedí que se mudara a un lugar donde pudiera escucharla mejor pues el ombligo me resulta un poco lejano a mis oídos y además me provoca mala digestión que todo el día me esté hablando. Dice que en definitiva no se muda a los oídos porque le parece un lugar demasiado convencional para una vocecita, tampoco mi cabeza es una opción porque entonces sí me volvería loca. Acordamos que tenía esta semana para decidir su nuevo lugar de residencia.

¿Sugerencias?