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domingo, 25 de julio de 2010

Noche Insomne. Error de Palabra. Noche Insomne (2a Parte)

(Aquí iba una introducción que, tras releerla, me pareció mala e innecesaria y decidí compensarles la falta con un bonito enlace al final de este post)

Programación…

Recuerdo que, independientemente del temor natural de un niño a los regaños de sus papás, yo no le tenía miedo a nada. Bueno, a nada que no tuviera un fundamento real como para temerle.

Cuando tenía 7 años me llevaron a clases de catecismo y fue entonces que comencé una reprogramación brutal en la que yo me sentía culpable hasta de sentir que me chocaba mi mamá cuando me obligaba a comer algo que no me gustaba o cuando mi papá me ponía a repetir las tablas de multiplicar. Todo era malo y castigable a los ojos de Dios.

Durante esas clases nos llevaron a visitar iglesias y a convivios en conventos donde las imágenes de mártires y santos sufriendo me llenaban de pesadillas.

—¿Por qué está Jesús (Dios) crucificado? —recuerdo que pregunté alguna vez a mi catequista. —Por culpa de nuestros pecados y, cada vez que tú haces algo malo, los clavos se le entierran más y el dolor que siente es más fuerte— contestó ella sin piedad. Desde entonces, yo sufría mucho pensando en que cada vez que hacía ‘algo malo’ como perder 3 sacapuntas en una semana, Jesucristo (Dios) sufría más y más. ¿Quién puede soportar tanto sufrimiento?


Crisis…

En mi época de adolescencia, como corresponde, todo esto cayó en crisis y entonces me enojé con Jesús (Dios) por no hacer nada para aminorar su dolor o por lo menos el nuestro. A ratos me reconciliaba con él y hacía caso a mis tíos e iba a los retiros o las jornadas en las que prometia ser la persona más buena del mundo, pero al final de todo me chocaba pensar en Dios (Jesús) como esa figura del hombre clavado en una cruz.

Reprogramación…

Tras el sacudimiento preparatoriano, que es cuando lees todas esas cosas maravillosas que nunca imaginaste, terminé por prohibirme pensar en Dios (Jesús) porque siempre venía a mi mente la imagen de Jesús (Dios) y porque, ya para ese entonces, pensaba que Dios (todavía Jesús en mi mente) no tenía que ser necesariamente eso, Jesús.

Años después, durante la universidad, entré a tomar clases de caligrafía árabe y ahí conocí a una mujer marroquí que me estuvo hablando de su religión, el Islam. Luego, como cultura general, comencé a asistir a lecturas del Corán y actividades propias de y descubrí algo que en ese momento me significó mucho: Allah.

Allah es igual a Dios (-) para los musulmanes. Lo fascinante es que cada vez que nombraban a Allah, yo podía pensar en un Dios (-) sin rostro y sin forma. Es decir, me había liberado de esa dualidad Dios es igual a hombre clavado en una cruz.

Luego dejé de ir a las lecturas del Corán, mi amiga marroquí se fue a vivir al Cairo y yo me declaré agnóstica; sin embargo, cuando lo que queda de mi educación religiosa sale a flote para encomendar algo a Dios (-), mi boca pronuncia Allah, así, sin rostro y sin forma.

Kill is kiss…again...*

No cabe duda, las palabras nos determinan.

* A fin de cuentas, tras una plática medio babosa con un buen amigo (que es muy inteligente, pero igualmente baboso que yo), llegué a la conclusión (también babosa) de que, si dicen que Dios nos hizo a semejanza de él, entonces, al menos en mi caso, Dios es mujer. Así que terminé diciendo: ¡Oh por Diosa!

(Aquí el bonito enlace prometido: una dosis de Alberto Montt)

lunes, 19 de julio de 2010

Noche Insomne. Espasmos. Noche Insomne (1a Parte)

Noche insomne. Dos de la mañana con diecisiete minutos. Noche insomne.

Me encuentro repitiendo esta frase y pienso en que tal vez es el efecto del café, la noche larga y el dvd corriendo.


Or maybe not…


I have just watched Pontypool…


El locutor de una estación de radio canadiense, Grant Mazzy, interpretado excelentemente por Stephen McHattie en la también excelente película Pontypool, comienza hablando sobre una teoría que utilizaba el periodista Norman Mailer (quien existió en la vida real) para justificar las casualidades ocurridas el día del asesinato de John F. Kennedy. Esta teoría dice que “…al despertar de los grandes eventos, tanto antes como después, detalles físicos sufren espasmos [que] por un momento se separan y, cuando retoman su estado normal, todos estos coinciden en una forma inusual. Nombres, cumpleaños, segundos nombres, cosas superfluas coinciden entre sí”. A este hecho le llama 'efecto onda', lo que apunta a que algo importante sucederá o que sabemos que está a punto de suceder.


¿Cuántas veces no hemos cruzado un gran acontecimiento para después ver que múltiples detalles coinciden?


Debo confesar que esta película me parece en sí misma perturbadora en varios sentidos (y pienso, probablemente, abordarlos en entradas posteriores), sin embargo, el hecho de las casualidades me ha sacudido enormemente pues mis últimas experiencias han estado plagadas de ellas.


Humans need to give order to the world in which they live...
El ser humano necesita dar orden al mundo en el que habita…


El ser humano nace sin saber que lo ha hecho. Supongo que debe ser traumático no saber que existes y, por tanto, esos primeros meses de vida (o años) son olvidados o no quedan registrados en nuestro cerebro. Ahora pienso que lo más probable sea la última opción. No hay registro.

¿En qué momento comenzamos a saber de nuestra existencia? Cuando ordenamos el mundo en el que habitamos y esto lo hacemos a través de las palabras. La palabra, en algún momento, lo es todo.


Y así, nuestros padres nos dan un nombre para validar nuestra existencia ante ellos; luego, nosotros aprendemos sus nombres para reafirmar que los reconocemos y entonces nos integramos a su mundo; formamos un vínculo y comenzamos el registro de nuestros pasos.

in which moment we stop to exist?

¿En qué momento dejamos de existir? Cuando dejamos de ser reconocidos, de ser nombrados.


Recuerdo también que una vez vi un documental en el que abordaban las diferentes formas en que distintas culturas reaccionaban ante la muerte. Cada una de ellas tiene un ritual distinto que corresponde al orden que ellos tienen del mundo. Este orden que valida su existencia también dicta cómo se deja de existir.


Evoco, por ejemplo, que en alguna tribu africana (de la que no recuerdo el nombre) está prohibido decir en voz alta el nombre de la persona que ha fallecido. Tremendo final.


En nuestra sociedad, en cambio, pareciera que el sólo repetir el nombre de quien ya murió nos regresa a la persona que ya no está más entre nosotros.


Kill is kiss…



¿Qué pasa cuando el orden de las cosas pareciera que se nos escapa de las manos? No lo tengo todavía tan cierto, pero creo que borrar la existencia de alguien es algo devastador, que no así el aceptar que ya no está.

Muerte. Esta palabra ahora significa cosas totalmente distintas que meses atrás en las que la muerte sólo me significaba algo que sólo escuchaba en la boca de otras personas, en las noticias, en los periódicos.


Cuando la muerte se acercó a mí recientemente recuerdo que dije: falleció. Inmediatamente,un buen amigo me dejó escritas estas palabras de Benedetti: “Fallecer es la forma más fría de decir que alguien murió, que es la forma de sentir una pérdida”.


Las palabras tienen vida. Las palabras lo pueden todo. Las palabras hacen (marcan) (crean) la diferencia.


A strange coincidence…



Y así, me doy cuenta que, tras esos grandes eventos en los que personas que yo conocía dejaron existir, se encuentran esas extrañas coincidencias:

24 oct 2009 – Dejó de nombrarse a mi abuelo.

24 nov 2009 – Dejó de nombrarse al papá de una amiga muy querida.

24 dic 2009 – Dejó de nombrarse a un gran amigo con quien hice radio.

24 ene 2010 – Dejó de nombrarse a una amiga con quien solía jugar básquetbol.

24 feb 2010 – Dejó de nombrarse otro buen amigo de radio.

24 mar 2010 – Dejó de nombrarse un amigo de la preparatoria.

24 jun 2010 – Dejó de nombrarse a mi tío, el mayor de la familia.


Y en las dos despedidas más fuertes, la de mi abuelo y mi tío (la 1ª y la última), teníamos programado realizar un maratón de cine. Exquisito marco para su despedida.


¿Habrá sido ese evento el principio y el final del espasmo provocado por el ‘efecto onda’ del que nos habla Mailer?


Noche insomne. Tres de la mañana con veintidós minutos. Noche insomne.


Pensar en que todo se transmite a través de la palabra es algo que no me parece para nada descabellado. Y me refiero a TODO. En tanto, ahora prefiero dejar que sea la palabra la que sacuda toda mi existencia, pues es peor dejar que ésta, se convierta en eufemismo.


* Déjame saber que existes escribiendo un comentario. ¿Qué valida tu existencia?