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jueves, 23 de mayo de 2013

"LA TORRE Y EL JARDÍN", UNA NOVELA INESPERADA


Dice José Ángel Cilleruelo, en el prólogo que escribió para "Cosmología esencial" de Rafael Pérez Estrada, que toda obra literaria es inesperada y que, cuanto más inesperada sea ésta, mayor es su importancia. Así es "La torre y el jardín", la última novela de Alberto Chimal (Toluca, 1970).

"Yo y mi otro yo" - Sarai Robledo 2013

Un edifico que es más grande por dentro que por fuera y que funciona como un burdel, es el escenario en el que se desarrolla la historia (o las historias) de esta alucinante novela. Paredes que hablan, personas que aparecen y desaparecen, espacios con extensiones y formas que nos suenan imposibles, habitaciones jamás imaginadas y en las que se hacen realidad las fantasías de los clientes que acuden a este lugar al que llaman El Brincadero.

Confieso que comencé a leer la novela justo el primero de enero de este año y que el libro me duró menos que los capítulos que lo componen; no por su corta extensión o por la ligereza de su lectura, sino porque no podía parar de leer. Cuando terminé, comencé a pensar en todo lo que viví al lado de los personajes que se introdujeron a tan alucinante burdel y traté de identificar algunas palabras que podrían ayudarme a expresar lo que "La torre y el jardín" fue para mí:

INESPERADA

Fue inesperado encontrarme de pronto dentro de El Brincadero y preguntarme a ratos si yo también estaba escuchando la misma voz que Kustos y Armando escuchaban. Alberto logra que, incluso, pueda uno percibir el tono y el acento de la voz que sale de las paredes de la Torre aunque —y este es uno de los desconciertos— también llega el momento en que no sabes si esa voz es la voz de tu propia consciencia.

CLAUSTROFÓBICA

Sentir que estás atrapado en la Torre y que no puedes cerrar el libro sin conocer qué es y dónde está el Jardín. Recorrer las habitaciones de la Torre y observar sus detalles tan disímiles entre sí, sentir la respiración del elefante al otro lado de una de las paredes, pensar que alguien te observa mientras caminas hacia 'ningún lado', no encontrar rastro de tu paso por donde tu orientación te indica que ya pasaste, ser una repetición en espacios constantemente distintos. La Torre se mueve, tú no.

DESCONCERTANTE

Hay momentos en que uno se siente no sólo más inteligente que los personajes, sino que la Torre misma y ésta se encarga de decirte: “no, estás en mi espacio, es mi entraña y aquí gobierno yo”. Entonces regresas a tu papel de inconforme, de investigador, de visitante... de cliente.

VERTIGINOSA

"La torre y el jardín" tiene ritmos diferentes: a ratos sientes que vas caminando con calma, que puedes apreciar cada espacio, cada detalle, cada palabra que se dice y cada silencio que se pronuncia; en otros momentos todo pasa muy rápido, puede un hombre desaparecer y hablarnos desde una dimensión distinta que no logramos comprender, una escalera parece absorbernos y dejarnos perdidos en la nada o corremos sin rumbo hasta que la Torre decide dejarnos en paz; también hay momentos en los que logramos entrar no sólo en la psique, sino en el corazón de los personajes, momentos en que nos duelen sus dolencias y nos alegran sus posibilidades; hay tiempos en que le revuelve a uno el estómago la misma inmensidad de la Torre que se siente como un baobab dentro de nosotros y también hay esos espacios donde uno respira y se queda contemplando a las criaturas del otro lado de la reja.

ILUMINADORA

¿Les ha pasado que hay momentos en que un libro les dice algo que pareciera ser como un flashaso que entra por sus pupilas, les hace levantar la vista al tiempo que cierran el libro de golpe, exhalan un silencio mientras el ruido ensordecedor los abruma por dentro y hasta entonces, vuelven a leer* ? Eso.

ENIGMÁTICA

Uno es un curioso más al lado de los personajes. Todos hablan de lo que pasa dentro de la Torre y de un Jardín que está dentro de ese lugar, pero nadie sabe cómo es y, al menos como lectores, tampoco sabemos por qué quieren conocer ese lugar. No obstante, creo que el principal enigma no es encontrar ese espacio físico sino lo intangible que conlleva la idea del jardín. Cada acercamiento a ese lugar nos va revelando más verdades y más incógnitas acerca de los personajes. Todo pareciera moverse, armase y desarmarse para no dejarnos encontrar 'ese algo' que buscamos pero, si nos dejamos seducir (siempre vigilantes), una recompensa estará esperándonos en algún lugar de la Torre.

Ahora regreso a la palabras de Cilleruelo quien también comenta que, apesar de la necesidad por lo inesperado, muchos lectores y críticos parecieran estar siempre a la espera de algo: "[...] una generación, unas características, un libro parecido a otro. Así es como se traiciona el espíritu esencial de la literatura". Pues bien, "La torre y el jardín" es una novela de la que podemos o no esperar nada porque su propia literatura se encargará de sostenerse y decirnos que, en efecto, es una novela inesperada.

*A veces pasa que, antes de regresar a la lectura, abrazas el libro por un instante.


domingo, 31 de octubre de 2010

La Nada Sagrada de Iván Oñate

¿Será cierto aquello de que el poeta es el único ser que corre impaciente hacia su propia catástrofe? Con esta pregunta, Iván Oñate (Ecuador, 1948) nos introduce a un mundo de constante arrebato. La Nada Sagrada, en su 2ª edición, nos entrega versos inquietantes, palabras que se introducen debajo de la piel para jugar con ella y provocar el desasosiego constante por su lectura.

‘El poeta tiene que nacer y morir en cada poema’, esta cita que enmarca la anécdota en la que Iván sufrió un naufragio, abre el camino para que cuente que el sentir que el agua lo sumergía para después emerger de ella no fue una cercanía con la muerte, sino un volver a nacer. 'Recordar el instante en que estaba en el vientre materno, sentirme solo nuevamente', comenta al tiempo que sus ojos brillan y su voz tiembla. Y sí, los escritos de Oñate son como los versos que te invitan a morir y renacer al mismo tiempo.


"Iván Oñate durante su presentación en la FIL del Zócalo de la Cd. de México" - Sarai Robledo 2010

Y así lo hizo un día antes de la clausura de la Feria Internacional del Libro del Zócalo de la Ciudad de México, en la que Iván leyó fragmentos de algunas crónicas que ha escrito sobre sus experiencias en México. Al respecto, Oñate no se cansa de decir cuánto ama este país: 'es como mi segunda patria', comenta. Sus crónicas apuntan a detalles que sólo alguien que ve desde fuera podría notar, pero tienen la misma calidez de quien vibra y comparte nuestra cultura.


La calle de Donceles, Germán Valdés ‘Tin Tan’ y demás figuras del cine y la cultura popular mexicana, fueron quienes se dieron cita en las líneas que escribió y leyó Iván para los presentes. Todos los que nos dimos cita en la carpa Juan Gelman viajamos a un mundo paralelo en el que sólo había espejos de nuestra cultura; Iván Oñate provocó en los asistentes risas, sobresaltos y reflexión sobre cómo vivimos los mexicanos a través de los íconos que nos han acompañado por años.


Entre las múltiples presentaciones de Iván en México, se encuentra la lectura que realizó en la Casa Universitaria del Libro de la UNAM, en la que dejó claro que su poesía es poesía fuerte, directa y sin posibilidad al escape.


"Iván Oñate" - México, Sarai Robledo 2010.

Platicar con él lleva irremediablemente a sus libros, cada anécdota que cuenta deja claro que es un narrador nato y un poeta irremediable. Su voz firme con sabor a tango nos cuenta que grabó un disco de este género, que acaba de actuar en una película junto a la afamada actriz Geraldine Chaplin y que disfruta mucho cuando sus alumnos de semiótica y literatura hispanoamericana de la Universidad Central de Ecuador disienten de lo que él les plantea.


Sin más, comparto con ustedes un cachito de 'La Nada Sagrada' para que sus letras, así desde la nada, inunden sus miradas, trastoquen sus conciencias y enciendan la piel que los cobija.


La precisión del infierno

Hasta que un amanecer

despertarás

invadido por un fuerte dolor a chamusquina,

a carne

que se asa viva.


Desconcertado

apartarás las cobijas y observarás

que eres tu propia leña y

tu propia llama. Abrasado por la sed,

en medio de la oscuridad,

huirás por largos pasillos

en busca de una puerta o una ventana,

porque en tu sangre

ya escuchas el silbato de los trenes que regresan

hambrientos

de carga explosiva. Trenes que vuelven

desde los confines del infierno

con sus vagones vacíos,

anhelantes

de cadáveres frescos,

de pasiones vivas,

de aretes arrancados de las orejas,

de pañuelos que se abren como flores podridas

y donde se retuercen, desesperados,

los gusanos de la ira,

los versos que un día ataste a su corazón, a su muñeca,

o a su destino.


Con la lengua en llamas

acertarás a dar un folpe de puño

contra el cristal de la ventana

y buscarás un filo de aire,

un filo de augja,

un relámpago que corte de cuajo

la agonía.


¡Evohé!


Entonces

comprobarás que tneías alma, porque

al escapársete

sentirás la eyaculación de Dios

o del mismo diablo:

una estampida de ratas huyendo por tu sangre

en búsqueda de una salida.


¡Evohé!


Y verása tu dolor empequeñecerse,

recogerse en un rincón

como un cachorro de perro,

de fiera,

o de hombre desnudo.


Un cachorro que lame

del astillado cristal:


Un poco de sombra,

un poco de alivio.


* Gracias a Iván Oñate por compartir un insante de su nada sagrada...