Como conté
en la entrada anterior, la pandemia me trajo reconciliación con el bordado y a
partir de ello me puse a experimentar con diferentes formas y materiales para
hacerlo. Una de estas formas fue realizar transfer de imagen a tela y bordar
sobre ella. Me gustó mucho el resultado.
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Una de mis primeras pruebas de transfer de foto a tela. |
A raíz de
esto empecé a pensar en el significado de la palabra fotografía que
escuché hace años en la universidad: pintar con luz. Fue así que empecé a ver
en los hilos ese pigmento que trasmutaría la luz en hilos y éstos al textil. Con
ellos podría pintar y resignificar la imagen que había plasmado en la tela.
Continúe
bordando en forma personal hasta que llegó enero de 2022 y nos anunciaron el
regreso a clases presenciales. Volvería a ver a mis alumnos “en 3D” y con ello
tendríamos nuevamente otras posibilidades para desarrollar nuestro curso de
apreciación artística.
En la recta
final del semestre abordo las diferentes expresiones artísticas que se
desarrollan en México e invariablemente platico con mis alumnos acerca de las
actividades artesanales que se desarrollan en nuestro país. A partir de ello,
pensé que sería interesante desarrollar un proyecto que conjuntara la actividad
artesanal junto con el proceso de desarrollo de una pieza artística. Me motivaba
mucho la idea de realizar algo que nos alejara un poco de la virtualidad en la que estuvimos atrapados a lo
largo de estos dos años: indudablemente pensé en el fotobordado.
No obstante,
al tratar de materializarlo hacia mis clases, pensé que realizar el fotobordado
en tela podría ser más complejo por las condiciones económicas, de espacio y de
acceso a materiales de mis alumnos, así que pensé que tal vez sería mejor
realizar esta actividad en otro material que había empezado a explorar no hace
mucho: el papel.
Fue así que
conformé una lista de materiales que son fáciles de encontrar en la vida cotidiana
de mis alumnos y que aquellos que tuvieran que comprar fueran económicos y fáciles
de conseguir.
El momento
había llegado. Algunos alumnos ya habían tenido algún acercamiento en talleres
de la secundaria o en sus casas y ellos fueron los encargados de ayudarme a
transmitir 10 puntadas básicas que conformarían un muestrario personal y con el
cual se enfrentarían a la intervención de la imagen.
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Muestrario de las puntadas básicas realizado por una de mis alumnas sobre una base de cartón. |
Fue muy
bonito ver cómo este grupo de alumnos aprendían las puntadas que les iba
enseñando y, a su vez, ellos las replicaban a los compañeros que conformaban su
equipo. Estaban todos sentados en círculo como aquellos círculos de mujeres
bordadoras que hemos visto en diferentes contextos a lo largo de la historia,
pero aquí sin distinción de género. Tal vez sin la noción del significado simbólico
de esto, platicaban mientras bordaban, es decir, se compartían en cada puntada.
Ya que cada
alumno terminó su muestrario, les mostré cómo es que íbamos a intervenir la
fotografía que ellos habían elegido. Yo les compartí la técnica, pero ellos
pintarían la imagen con sus hilos, su imaginación y su corazón.
Tal vez
ellos no se dieron cuenta en ese momento, pero cuando expusieron sus resultados
finales yo aprendí más de cada uno que lo que ellos aprendieron de mí en este
proceso de foto bordado. Cada alumno y alumna plasmaron en esas imágenes sus
historias, sus emociones y todo ese mundo interno que tienen en cada uno
esperando a salir.
Sin más, les
comparto algunos resultados de la maravilla que fue esta actividad.